
El título evoca -casi invoca- la famosa obra de Marcel Duchamp*, irrepetible personaje que estuvo en todas las vanguardias del XX porque no perteneció a ninguna; que revolucionó definitivamente aquel mundo transformando en arte perdurable la física cotidiana de sus “ready made”. Fue el gran transmutador.
Transmutación es lo que nos trae hoy aquí.
Al conjuro del “cristal”, transparencia mutada de la sílice opaca; fragilidad de eterno retorno por efecto sobre la tierra del fuego, del aire y del agua.
Al conjuro igualmente de la “novia”, tránsito de crisálida entre niña y mujer.
Transmutación es lo que hoy evoca, invoca -convoca- Concha Mayordomo, oficiando su alquimia con los restos de un envoltorio que fue piel por unas horas de novia fugaz y roto, después, en mil cristales mil veces recompuestos por un efecto de pasión, de imaginación y el rocío de muchas auroras.
Aquí nos deja Concha muestra de su obra, de piel hecha y en piel reconvertida, como un milagro plástico en la linde -ay, frontera lábil que no es de uno ni de otro, a los que separa; que es de los dos, a los que une- de superficie pictórica y bajorrelieve esculpido.
También M. Duchamp alertaba del excesivo deslumbramiento retiniano: no haya aquí temor. Aproximémonos a estas “novias de cristal” con la retina confiada para recibir su caricia... y con la mano abierta para devolverla.
José Ramos
Auditorio de Alcobendas (Madrid)
Blas de Otero, 4
* « Gran vidrio. La Mariée mise à un par ses célibataires,même », 1915-1923. Roto en 1926. Reconstruido por el propio Duchamp en 1936.
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